Relatos sexo filial

Desde que todo empezó hasta este primer orgasmo habían pasado 6 meses, y yo de los 13 a los 14 años.

Amor Filial

Después de esta experiencia y durante mucho tiempo masturbaba a mi padre muchos días. Aprendí a hacérselo con la boca y sin que me produjera molestas sensaciones. Aprendí a utilizar la lengua, las manos y los labios. No me apetecía mucho tragarme el semen, pero yo sabía la enorme satisfacción que le producía y lo hacía a gusto. Mi padre había sido lo suficientemente listo como para excitarme previamente a las mamadas. Me gustaba que no me obligara a tocarle cuando no me encontraba bien.

Harta de ver penetraciones en las películas, le pregunté por qué no deseaba penetrarme a mí.


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Esa pregunta debió sacarle de sí porque alcanzó una erección de las grandes, como no recordaba desde el primer día. Me pidió mucha atención a lo que me iba a decir. Yo estaba intrigada y ansiosa por su respuesta.

Mi primera experiencia filial - Relatos Eróticos

Sola darme amor, placer y enseñarme; y si era como lo que conocía, me gustaría. Me agarro de la mano y me llevo a su habitación. Mi estado era de verdadera excitación y curiosidad, pero de enorme tranquilidad, porque iba a experimentar lo que había oído a otras muchas mujeres narrar como una experiencia difícil, dolorosa y generalmente insatisfactoria, pero con una persona que tenía experiencia, que no me haría daño y nada que yo no quisiera. Sabía que era la mejor forma de conocerlo. Ahí noté el primer cambio. No me costo encontrar la diferencia entre los besos que acostumbraba a darme en los labios y aquel beso de deseo.


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  4. Realmente estremecedor. Empezó a quitarme la ropa despacio, muy despacio y sin mediar palabra, me preguntaba con la mirada cada pocos segundos si todo iba bien. Me había propuesto dejarme llevar hasta donde él me llevase. Cuando estuve totalmente desnuda, abrió la puerta del armario y apareció el gran espejo de la contrapuerta.

    Mi cuerpo se reflejaba totalmente en el mural y por encima de mi cabeza se apreciaba la de mi padre quien se limitaba a sobarme los pechos y a permitirnos contemplar mi cuerpo durante largo tiempo, hasta llegar a apreciarlo como antes nunca lo había hecho. No me parecía el mío.

    Por primera vez me gusto, descubrí unas formas femeninas excitantes y aprecié el sexo en un cuerpo de mujer. Era como si una tercera persona estuviese espiando escenas íntimas de otra pareja. Creo que era realmente provocadora para cualquier hombre. Tenía gran estatura para mi edad, formas proporcionadas y desarrolladas, una piel muy suave y la ternura e inocencia de la edad. Ahora comprendo lo que una chica así inspira a los hombres. Después me giró hacia él y se terminó la sensación de tercera persona. Sin dejar de mirarnos a los ojos, me empujó de los hombros hacia abajo hasta arodillarme y me pidió que le sacara el pene del pantalón.

    Sin dudarlo y con una enorme ansiedad lo hice. Cuando le desabroché el pantalón, el pene le sobresalía de los calzoncillos y estaba ardiendo. Le estuve succionando un rato largo pero que me pareció corto. Yo sabía que quería mirar y yo me esmeraba especialmente en esos momentos. Me tumbó y empezó a desnudarse completamente delante de mí. Mi padre tenía un cuerpo que antes no había sabido descubrir, era atractivo y lo deseaba.

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    Hasta su enorme pene me pareció bonito y lo desee, no sabía como, pero lo deseaba para mí, dentro de mí. Ahí descubrí el sexo de verdad. Fue bajando poco a poco hasta introducirme su lengua. Grité de placer; nunca había sentido una sacudida tal. Sin darme cuenta yo estaba haciendo lo mismo que él me hizo: Yo habría las piernas todo lo que podía y él introducía su lengua todo lo que mi agujero le permitía. De repente y sin saber como habíamos llegado a esa posición, me encontraba haciendo un Entonces noté algo distinto.

    En ese momento rompió el silencio para volverse y decirme a la cara que primero me la introduciría sin preservativo para que disfrutara del placer de un pene en contacto directo. Me pidió que si al introducírmela sentía dolor, se lo dijese inmediatamente y pararía.

    Se levanto encima de mí y con una mano se sujetaba en plancha y con la otra dirigía el pene hacia mi sexo. Los dos pudimos ver como iniciaba la introducción. Era evidente que aquel era un pene muy grande para un cuerpo de 14 años y pensé que me dolería. Me puse un poco tensa y mi padre lo notó. Paró y me pidió que me tranquilizara. Me dio otro beso y continuó su rítmico movimiento.

    Lo supe cuando su extremo tocó en el fondo de mí. No me hizo daño, pero me asusté y pegué un pequeño brinco de prevención. Me preguntó si me había hecho daño y yo le contesté que no pero que la sentía toda dentro de mí. Aquello era sorprendente, todo era calor y suavidad. Mi padre, me lo dijo luego, no quería que yo viese la sangre que manaba de mi puvis, pues tal vez me habría asustado.

    No me lo podía creer en algunos mementos se introducía casi entera, porque sentía la bolsa de sus testículos chocar en mis muslos. Yo nunca había pensado que un pubis pudiese ensanchar tanto como para poder introducir aquel pene. Evidentemente había sabido calentarme. Mi padre estaba como loco y yo sentía que mi orificio hacia mucha presión sobre su pene ya que, aunque entraba, le costaba empujar.

    De repente la sacó y se puso el preservativo con mucha prisa. Sin decirme nada la introdujo de nuevo y empezó a empujar sobre mí con una fuerza que no había visto antes y a jadear muy fuerte, casi gritaba. Me besaba, sentía su aliento en mis labios, en mi cuello y pensé que algo importante venía. Me concentré para atender a lo que me pudiese decir y le deje hacer, pero siempre atenta. Me miro a los ojos y me dijo mientras empujaba con fuerza y profundamente: Se quedó tumbado encima de mí durante unos segundos con una fuerte respiración.

    Su peso me impedía respirar bien, pero lo soportaba. Se fue al baño, se lavo el pene durante un buen rato con mucho jabón y comenzó de nuevo a hacérmelo con la lengua. Yo continuaba excitadisima, cuando repitió la acción de introducirme el pene con una mano.

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    A diferencia de antes, se notaba que él ponía toda la atención en procurarme placer. La temperatura de mi cuerpo aumentaba y notaba que mis venas se hinchaban. Enseguida me di cuenta que algo venía y reprimí un grito de placer que mi cuerpo pedía, para que no pensase que me hacía daño.

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    Me quedé tensa apretando a mi padre contra mí, procurando que lo la sacara en sus movimientos, perdí toda noción de sensación física y un latigazo de placer me sacudió el cerebro. Fue breve pero tan intenso que nunca pude sospechar que existiera tanto placer. No lo sé, pero era inmenso y maravilloso. No quería terminar nunca aquel momento.

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